Recuperar las partes de nosotros que han quedado en el pasado

 

Todos y todas tenemos con más o menos frecuencia la sensación de estar incomplet@s y a buen seguro no está muy lejos de la realidad. Las experiencias que vivimos en la infancia, más o menos traumáticas, que produjeron una reacción de defensa han quedado impresas en el cerebro. Veinte, treinta o cuarenta años más tarde hacen que sigamos comportándonos ante circunstancias que “encienden” el viejo trauma como si fuéramos aquel niño o aquella niña de entonces. Así la eficiente y brillante ejecutiva se convierte en otro contexto en una niña asustada capaz de hacer cualquier cosa porque teme que la abandonen. La mayoría de nuestros comportamientos, de los miedos presentes que nos paralizan se gestaron en algún lugar de nuestro pasado. Y para desfacer de una manera muy eficaz el entuerto Peggy Pace, una psicóloga estadounidense, ha desarrollado una técnica conocida como la ICV (integración del ciclo vital).

 

“La ICV busca integrar las diferentes partes que forman la personalidad para funcionar con la mayor eficacia posible aportando así mayor equilibrio y mayor felicidad”, afirma Yolanda Calvo, la psicóloga que ha introducido la metodología en España. La ICV ha sido desarrollada para el tratamiento de adultos con traumas infantiles, pero también es aplicable a problemas concretos de la vida diaria que tienen un origen en la infancia o en algún punto del pasado.

 

 

 

 

 

 

 

 

Yolanda Calvo y Kevin Lluch dan para Psychologies las líneas maestras de la ICV y algunos datos prácticos.

 

La esencia de la ICV:

 

Es una técnica que cura sin retraumatizar porque las terapias que estimulan hablar de un conflicto no siempre ayudan a dejar atrás el pasado. Actúa a nivel neuronal profundo para cambiar las respuestas y estrategias defensivas obsoletas.

 

Una sesión de ICV:

 

En general, el terapeuta pide a la persona que confeccione previamente y aporte una lista de recuerdos que se utilizará inicialmente como línea del tiempo, después irán surgiendo otros recuerdos espontáneamente. Una vez planteado el problema se va a buscar en el pasado una escena relacionada con él, se recupera al yo de la época y se recorre con él un camino de recuerdos hasta el presente. El viaje se repite entre 3 y 5 veces.

 

Número de sesiones:   

 

Cada caso es completamente diferente, pero en trastornos importantes se pueden dar algunos datos aproximativos. En la anorexia con una o dos sesiones la persona come con normalidad.  En el caso de la bulimia se necesitan  entre 10 y 15 sesiones. Para una patología grave como el trastorno disociativo se requieren dos o tres años.

Los problemas leves se pueden solucionar en una sesión.

 

Duración de las sesiones:

 

Puesto que se repasa la vida de la persona, la duración depende en buena medida de la edad. Entre una hora y media y dos horas y media. Con problemas sencillos se puede llegar a 45 minutos.

 

Precio:

 

Cada región y casi cada ciudad tiene tarifas diferentes. Los precios oscilan entre 50 y 80 euros. 

 

Ángela Boto

 

 

 

 

Es eficaz en trastornos de ansiedad y depresión moderados o leves y da resultados muy satisfactorios en alteraciones en las que otras terapias no lo logran como es el caso de la anorexia, la bulimia o el estrés postraumático. Sus buenos resultados han hecho que muchos psicólogos la hayan adoptado como herramienta principal. “Comienzo con protocolos básicos que me permiten desensibilizar puntos conflictivos de la historia del paciente y me sirve de diagnóstico para después centrar la etapa de la vida en la que existen más conflictos”, asegura Kevin Lluch.

 

La base fundamental de la ICV es la visualización y apela a la capacidad innata del sistema mente-cuerpo para sanarse a sí mismo. El terapeuta guía a la persona que hace el ICV en la búsqueda de un recuerdo que esté conectado con el problema actual, a continuación el yo del presente, el yo central, va a rescatar al niño o niña que quedó atrapado en el pasado y le muestra la película de su vida hasta llegar al momento actual. El viaje por el tiempo favorece una reorganización neuronal que integra toda la historia personal y recupera emociones del pasado que establecieron las bases para ciertos patrones de comportamiento. Y al mismo tiempo “se genera una conciencia del yo central que está por encima de las oleadas emocionales producidas por los problemas presentes”, explica Lluch. De este modo la persona alcanza rápidamente una estabilidad y el control de su presente. 

 

 

 

Ángela Boto

Revista “Psychologie”